LUXMALLORCA365
  • Español
  • English

Estamos Viendo:
Mallorca respira -

Rate this post

NOMBRE: Mallorca respira

El cielo de Mallorca es distinto, de un azul tan luminoso y brillante que desborda el corazón. Lo saben todos los pintores y artistas que han pasado o se han quedado en la isla. Atrapa el espíritu, llena de gozo los sentidos. Y es algo que ocurre en todas las estaciones, porque aquí pasan una por una, desplegando todo su poderío, colores, matices y efectos en la naturaleza y el ánimo.

 

La sierra de Tramuntana ha aparecido nevada en los últimos inviernos, como si el frío hubiera decidido recalar también aquí por el gusto de embellecer un paisaje ya de por sí sublime. En verano la montaña huele a pinar, a garriga, a romero, a tierra seca que clama por lluvia, sembrada de lagartijas. Y uno se desplaza por senderos delimitados por paredes de piedra centenarias, olivos añejos y atormentados con hojas de plata, oteando el horizonte en busca del mar, que siempre aparece. La primavera y el otoño son sutiles. La primera viene anunciada en febrero, cuando los almendros, todos a la vez, salpican de blanco las ricas zonas agrícolas del Pla, del Raiguer o de Llevant. Es entonces cuando el ánimo se prepara para recibir las altas dosis de esplendor que explotan a partir de marzo: campos de hierba que se inundan de amarillo y rojo, tomados por multitudes de flores entre las que pacen ovejas que pronto serán esquiladas. Y el otoño es, en realidad, una segunda primavera, pues la exuberancia de la naturaleza se repite con todas sus fuerzas, para adormecerse de nuevo, agotada, en invierno.

 

Es un entorno intervenido, una naturaleza explorada, aprovechada, modelada. Esto se aprecia en el apacible Pla, pero también en lugares inhóspitos como la sierra de Tramuntana, donde a pesar de la austeridad de un paisaje escarpado y aparentemente baldío, desde hace cientos de años los agricultores vienen edificando terrazas para ganar, en lo posible, horizontalidad a la verticalidad, y sembrar olivos, almendros, frutales e incluso huertos. La sierra está poblada de construcciones que testimonian la dureza de la vida aquí en el pasado (hace apenas poco más de cincuenta años): carboneras, casas de nieve y hornos de cal, camuflados con el entorno por la gracia de la piedra. Este paisaje labrado, por su singularidad y por el escenario soberbio donde se levanta, fue declarado en 2011 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Así que ahora es de todos, lo que significa que entre todos hay que gozarlo y preservarlo.

 

Y como isla, Mallorca está mecida por el mar. Omnipresente, no como frontera sino como puente. Pues por mar ha llegado históricamente lo bueno y lo no tan bueno, que aquí se ha mezclado para destilar una determinada forma de ser y de pensar, configurando una isla única en el mundo.

 

Las playas de arena virgen como Es Trenc, al sur, se alternan con calas recónditas de azul turquesa que conviene descubrir por uno mismo, sin guías ni preguntas. Es la única manera de llegar a los lugares esenciales de la isla, cuyos nombres no le serán revelados fácilmente. Si pregunta por uno de ellos, quizá las indicaciones para llegar le parezcan confusas, o a lo mejor querrán desviarle a lugares de turismo masificado. No se desaliente y comprenda. Aquí, en nombre del turismo también se han hecho aberraciones. Y algunos enclaves donde se puede sentir la respiración de Mallorca están preservados, incluso de forma inconsciente, por los propios mallorquines. Busque, camine, piérdase una vez y otra, disfrute al llegar y deje sólo pisadas. Y escuche la respiración de la isla, o mejor, respire con ella. Entonces sentirá la irresistible voluntad de no marcharse nunca, o al menos, de volver lo antes posible.